Ricardo Hugo Vega
El paisaje de tus manos que se abandona en
mi pelo, se convierte, de pronto, en
un
torbellino de caricias que no
tiemblan, cuando
inventas el amor, caminando por los
costados
de mi espera.
Cuando despiertas lo iluminas
todo
y presiento, afuera, el sol estallando en
miles de espejos con aroma de miel,
mientras vamos descubriendo por la
piel,
los secretos íntimos del tiempo, ese
que,
lentamente, pasa entre nosotros
condenándonos a grandes sorbos,
en la efímera perpetuidad de un beso.
Me miro en el brillo de las gotas
tibias de tu
mirar sabiendo que me reconozco, tiernamente, en
la sencilla complicidad de tus
silencios.
Te abrazo y siento que, fatigando los
olores
de tu cuerpo, borro recuerdos y
otras despedidas haciendo realidad
mis
fantasías de no esperar de mañana un
todavía,
porque cuando estoy contigo,
la perfecta armonía de un día
es para mi
definitivamente todo,
todo lo bueno que, ahora,
queda en mi vida.
Ricardo Hugo Vega