Desde
niños...
Mamá
nos comenzaba a enseñar una labor, que nos sacaba de las calles, y nos hacia aprender
a querer a la tierra y las flores.
Llegaban los
primeros días de octubre, y mamá ya nos
tenia preparado un trabajo, puntear la tierra, y con el rastrillo sacar los
yuyos y las raíces.
Si la tierra
quedaba con cascotes, había que hacerlo de nuevo con las manos, y ni que hablar
de emprolijar los canteros.
Era el tiempo de
la siembra de las flores, un trabajo que exige cuidado, y mucha prolijidad,
para ver por fin abiertas: petunias,
margaritas, claveles, pensamientos, portulacas, y otra s variedades de
religiosas flores.
Posteriormente a
la plantación de la semilla, se preocupaba de regar con la continuidad necesaria.
Después,
comenzaban a florecer los primeros brotes, que daban origen a la pronta superoblación
de hermosos exponentes de esta clase de naturaleza. Pero aun nos faltaban
algunos retos de mamá -¡No tiraron bien las semillas, no están parejas, no
aprenden mas..!- Luego todo quedaba en el olvido, cuando se cubría de belleza
de exquisito aroma el lugar y bañadas de roció, esperaban con romanticismo, ser
besadas por el sol del amanecer.
Tito Gattero