robertoattias@yahoo.es
ROBERTO ATTIAS

Fontana, Chaco, Argentina

 

CUENTO 2 --- AUSENCIA

 

Cumplió los 78. Un arisco mapa de arrugas surcaba su rostro, y se movían alrededor de los ojos tristes de Don Castulo, mientras sus manos callosas y curtidas secaban las lágrimas, que corrían con infinita transparencia por sus mejillas.
El añoso algarrobo de cáscaras escamosas y don Castulo parecían haber venido al mundo a un mismo tiempo, y a los pies de ambos, el montículo lúgubre en esa tierra tan suave y la vez tan rustica, con una estaca de Quebracho tallado por manos expertas en uno de sus extremos, y ocupando un minúsculo espacio de la sombra, estaba ella recientemente sepultada.
Después de un interminable momento el viejo se alejo del lugar musitando algo así como un réquiem mientras se encaminaba a su rancho, distante unos cien metros de este lugar.
Después de pasar la primera cerca que separaba el camino de la chacra, visiblemente consternado por la pena giro su cabeza hacia el río lejano, donde las ondulaciones del agua devolvían los reflejos del sol como un sinnúmero de espejos rotos que danzaban al compás del viento.
Se quedo observando mientras pensaba que uno de los hechos mas egoísta del hombre, es el de llorar por los muertos, ya que la pena provenía de la falta de su compañía y de esos momentos que ya no se repetirán como los de ellos, juntos caminando en esas cálidas noches pobladas de estrellas, o en aquella frías mañanas lluviosas en la cual permanecía a su lado en total silencio, oyéndole contar historias repetidas, entre vasos de caña y el crepitar del fuego.
Si puro egoísmo, decía, y este lamento lo apenaba aun mas.
Sus pensamientos nostálgicos lo guiaron hasta las horas antes del fatal desenlace.
Esa tarde a la hora de la oración, (ese momento en que el día recoge su manto de brillos y la penumbra asoma tímidamente, es un indeciso momento entre la luz y la oscuridad, entre el ocaso y el crepúsculo, todo se torna celeste, mágico y melancólico) al volver juntos, como de costumbre, y después de desuncir los animales de tiro del arado y colgar los arneses en el galponcito, se dirigió a la represa que se hallaba a un costado del patio y al lado del pozo con agua dulce, de boca cuadrada calzada con maderas, lugar poblado de croar de ranas, para que beban los caballos; ya la notó triste, con un profundo cansancio que se reflejaba en sus ojos opacos.
A don Castulo le pareció extraño que lo dejara ir solo, pensó que los años tal vez le pesaran mas que a el.
Se acerco y lentamente paso su deslucida y áspera mano sobre su cabeza, ella sintió la suave caricia pero no hizo ningún movimiento, esto preocupo mas aun al viejo.
Removió las cenizas y acercando mas leña pudo encender nuevamente la hoguera con ayuda de las pocas brazas que quedaban.
Después de cenar se sentó junto a ella sintiendo el pavor de lo inevitable. La aurora lo hallo entre el humo del cigarro y el sabor amargo de la vigilia, el fuego se había apagado, y el silencio era roto por el canto de los gallos.
Estaba solo, el espíritu de su compañera había dado un brinco dejando su cuerpo inerte.
La escena era desgarradora.
A desgano se puso de pie, solo quedaba una cosa por hacer, envolvió su cuerpo con una manta, tomo una pala y se dirigió al lugar elegido de antemano.
Luego de un arduo trabajo, sepulto allí toda la luz y la alegría.
Ya a pasado un mes de aquel amanecer, Don Castulo no soporta bien la soledad, Ya no será lo mismo, piensa, pero con renovada esperanza ha traído un cachorro, casi idéntico, del mismo pelaje que esa perra, fiel compañera, que había sido su única compañía mientras habitara ese rancho.- …………FIN.-

 

CUENTO 9 --- ENTIERRO

 

En el paraje Amanecer de la provincia del Chaco, además de otras familias de pequeños agricultores, estaban establecidos desde su niñez, Rosendo Jiménez y su hermano Damián. Hombres de pocos recursos económicos, que pasaban el tiempo entre cosechas y obrajes, sobreviviendo entre penurias y hambrunas. Ambos atesoraban una idea fantástica, que los mantenía unidos y planificando el momento de poder ejecutarla, la cual mantenían en total secreto.
En las reuniones de la zona, algunos pobladores se persignaban a la vez que comentaban, que a la orilla del monte quemado (un lugar especifico donde un tiempo atrás se incendiara una fracción de terreno) y en algunas noches de calma, se podían ver al pie de un frondoso árbol de larga vida, que desde la tierra, brotaban columnas de fuego de brillo inusual, trepando por al tronco hasta perderse en el follaje. Si te acercabas de día, el tronco no presentaba rastro alguno, porque ese era fuego del oro, que no quemaba. Estas llamas eran de una tonalidad verde y solo aparecía de noche. Esto marcaría el lugar exacto donde fue enterrado el botín, formado por alhajas de oro y brillantes, productos de unos robos cometidos por el temido delincuente David Segundo Peralta, alias Mate Cosido, que lo escondiera allí para poder recogerlo luego. Este renombrado mal viviente, además de robar tendiendo emboscadas en los caminos y en los trenes, ademas de a pagadores de grandes empresas acopiadoras de algodón y forestales, ganaderos y comerciantes, realizó varios secuestros. Se desplazaba vestido como los peones rurales de la zona, o como viajante de joyería en las ciudades, para no despertaba sospechas. Sus escondites favoritos fueron la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, y Gancedo. Además contó con muchos colaboradores, algunos como Eusebio Zamacola, Francisco Malatesta, el Tata Miño, Marcelino Peralta y Cardocito. Pero sorpresivamente en 1939 se retiro del delito, perdiéndose todo rastro de su paradero. Solo se conocen especulaciones respecto de su destino y una de ella es que había sido acecinado en un paraje olvidado de la región. Desde entonces su alma rondaría custodiando el lugar. Pero si emprendían la búsqueda dos compañeros con coraje y justicia en sus corazones, podrían hallar el tesoro allí oculto y convertirse en hombres ricos. Pero de aparecer un pensamiento de codicia o de traición en alguno de ellos, todo se volvería cenizas y los buscadores hallarían la locura y posteriormente la muerte.
Los hermanos acosados por las necesidades básicas de convivencia, se preparaban de acuerdo a los cánones preestablecidos. Fueron a misa, a confesarse y a comulgar, junto a las protecciones místicas y religiosas.
Juntaron los elementos para realizar la perforación, como palas, pico y hacha.
Cuando tenían todo listo para la tarea, después del ocaso, se dirigieron por la senda que conduce entre la vegetación, hacia la orilla opuesta del monte. Al llegar realizaron los preparativos pertinentes. Preparar una fogata que ayudaba a ver mejor, mientras rezaban con evidente temor. Con la pala y el pico cavaron alrededor del árbol señalado. Tropezaban con las raíces, hasta que hallaron el lugar que estaría libre de obstáculos, pues fue allí donde escondieran los valores. Después de unos momentos de arduo trabajo, allí estaba un lugar con la tierra sorprendentemente blanda y fácil de retirar, tanto que parecía estar recientemente removida.
Los dos al mirarse y pensaron que era una señal positiva del finado que custodiaba el lugar, presurosos iniciaron la excavación. Al encontrar una baúl de madera de aspecto antiguo no muy grande, ahogaron un grito de asombro. Retiraron toda la tierra posible que cubría la tapa. El mayor, sujeto con fuerza el mango del pico y dio repetidos golpes, hasta hacer saltar trozos de astillas en todas direcciones y siguió azotando con fuerza colosal, hasta enterrar varias veces la herramienta en el interior de la caja. Seguidamente, ambos se abalanzaron torpemente a la boca del hoyo, en la tierra húmeda. Allí hundieron sus manos con mucha prisa en el interior de la caja, buscando el tesoro tantas veces añorado. En el accionar se empaparon las manos y los brazos revolviendo afanosamente el contenido que allí los esperaba. Hallaron trozos de vidrios junto a un elemento líquido y viscoso. Rosendo reconoció el hedor con pánico y con la respiración dificultosa, levanto la vista; pudo adivinar más que ver la chacra de Nicasio Gómez, que lindaba con este lugar. Con gran dificultad se dirigió hacia allí, pero cayeron unos metros más adelante y antes de perder la conciencia recordó cuando esa familia se instalo en esos terrenos. Todos juntos fueron destroncando y desmalezando el lugar, ya que en esa época era monte cerrado; esa fue una gran tarea para todos ellos, arrastrando los troncos a la orilla del predio. Las ramas que no se convertían en cerco, se vendían en el pueblo como leña. Además para mantener al grupo, junto a los productos de la caza, practicada en las inmediaciones. Llegaron en el año 1957, cuando gobernaba la provincia don Pedro Avalia. Traían consigo herramientas de labranzas, bueyes, caballos, chapas para el rancho y todas sus pertenencias en dos volantas. A llegar levantaron una casa grande de palos a pique y embarrada con cuidadas terminaciones, que además de ser un lugar seguro, poseía un alero, esto la hacía muy confortable. Desde su única ventana al norte, se podía observar una hermosa vista del sinuoso riacho. Este aunque no era muy profundo, abastecía de toda el agua que ellos necesitaban. Parado en su orilla, se podía divisar su lecho fangoso y sus peces a través de sus aguas cristalinas.
Para agosto el aroma de la tierra prometedora invadía el aire tras el paso del arado y el revolotear de las aves sobre los surcos abiertos.
Después de la siembra y cuando comenzaron las plagas a consumir sus esfuerzos, fumigaba con una mochila la plantación, y guardaba cuidadosamente los envases cargados y vacíos del letal veneno en una casillita retirada unos cien metros de la casa y construida para tal fin.
La semana pasada una fuerte tormenta destruyo el techo de este lugar. Como ya no era segura para custodiar el peligro que encerraba, y como amenazaba otra tormenta, don Gómez tomo el viejo baúl que había pertenecido a su madre, el cual guardaba celosamente y lo relleno con los envases de estos productos y lo enterró a orillas del monte quemado, al pie del añejo Sauce para que nadie estuviese en peligro.-.............FIN.-

 

 

 

 

Cuento breve: EL DUENDE DE LOS  BROCHES

         

Todos tuvimos  momentos de incertidumbre cuando fuimos sorprendidos por la falta del objeto que estábamos manipulando y hubiésemos jurado haberlo dejado depositado frente a nosotros en el escritorio o la mesa y aun agotados todos los recursos no lo pudimos hallar. Pero si derrotados abandonábamos su búsqueda, reaparecía frente a nuestros ojos como por arte de magia al alcance de nuestras manos. Esto nos ocurre a menudo aun cuando no lo divulguemos y algunos justifican el momento como un estado de ansiedad que nubla el raciocinio, otros por distracción y hay quienes se definen como desordenados que al mezclar objetos similares, confunden luego con las formas y colores lo que ayuda a su mimetización.

Para mí que soy menos práctico y mucho más soñador esto es mucho más fácil de explicar ya que es la inconfundible obra del pícaro Duende de las Cosas.

 Aún cuando la mayoría de las personas no reconoce su existencia e incluso se burlan de quienes comentan estas experiencias, en cada casa hay uno. Es casi invisible y se mueve con agilidad y gracia. El pequeño bribón va cubriendo las cosas con un manto de olvido o las instala en lugar secreto, suspendidas bajo mesas y sillas, sobre roperos o en bolsillos de los sacos colgados en el. El pequeño duende es enigmático e inquieto y convive con un grupo de animalillos especiales, un gato, un ave y una pequeña nutria a los que no solo verás si  miras como observando un estereograma, es decir mirar al infinito fijar la vista en un objeto distante y sin desenfocar tratar de mirar hacia el piso, podrás tener la grata sorpresa en algunas ocasiones de ver pasar a alguno de ellos fugazmente y hasta podrías asegurar que fuiste suavemente tocado. En muchos hogares hay niños que juegan y hablan con ellos formando verdaderas amistades, como mi hermana que cuando niñita tenía dos amiguitas invisibles La Túnki y La Tinguitó.

Desde tiempos insondables los habitantes autóctonos del noreste argentino sumados a los criollos supersticiosos crearon leyendas macabras y absurdas sobre este tema, estas historias forma parte de la vida cotidiana de muchas regiones en las cuales participan un vasto número de elementos propios del hogar y de las personas.

Esta ciudad posee un gran número de lagunas de diferentes tamaños, eso hace que en algunos barrios periféricos la edificación sea caprichosa pues se ciñe el contorno de estos reservorios naturales.

En ese tugurio, en el patio de una humilde casa resguardada con muros de ladrillos y construida a la margen de uno de estos espejos de agua.

En ella una anciana caminaba con dificultad a causa de la artritis instalada en sus rodillas entorpecía su andar.

Vivía prácticamente sola pues el entorno familiar aunque numeroso estaba ausente a sus problemas de salud, pero todos trataban de aprovecharse de su nobleza innata. Sus hijos é hijas ganaron las calles desde corta edad y muchas veces recorrieron el camino del delito el cual en repetidas oportunidades los obligaba a regresar a ocultarse por breves periodos de la policía o de sus obligaciones familiares.

El frente del predio fue cambiando su aspecto a causa del peligro urbano. Abierto en el pasado, se podía ver el patio trasero desde el frente a trabes de un basto jardín. Hoy tiene un entramado de tablas y un techo de chapas que forma una galería cubierta asegurada por una puerta y un candado.

Pero en este su pequeño espacio siempre se extraviaron los broches utilizados para colgar la ropa recién lavada en los tendales instalados en el patio y ella en reiteradas oportunidades culpó a los vecinos de la vereda del frente aun cuando el vallado era inexpugnable.

Cuando le decían que era el pequeño duende  travieso que se los llevaba para jugar ella reía incrédula es que la vida había golpeado con crueldad su niñez obligándola a enfrentar la realidad cotidiana por lo que era reacia a aceptar explicaciones fantásticas.

Su casa era un lugar lúgubre, húmedo y taciturno, las paredes tenían rastros de viejas pintadas y en muchos lugares habían caído grandes trozos de revoque. En su habitación había pequeños rincones olvidados como su antiguo ropero que descansaba en la pared y estaba atiborrado de recuerdos, a la derecha de este el estante con muñecos y peluches, algunos grotescos y otros hermosos que le fueron regalado en el transcurso de su vida y sobre el respaldo de su cama la foto de su cumpleaños de quince resguardada en un dintel muy delicado.

La salud de doña Carmen fue delicada en los últimos meses y pasa largos momentos de reposo por dolores de sus piernas, esto hizo que disminuyera sus movimientos y también su alegría. La preocupación fue aún mayor por dificultarle cada vez más cumplir con su trabajo de lavandera que le da para vivir.

Esa mañana al levantarse se sintió infinitamente más vieja y cansada.

Antes de salir con la ropa mojada al patio recordó que no tenia mas broches para colgarla y expresó el deseo que algunos de los broches que se extraviaron en los últimos años pudieran aparecer para que así pudiera completar su tarea y sin encono regresó a su mullido sillón frente a la cocina.

Apenas transcurrido un breve momento oyó un rumor cristalino que provenía del patio y al llegar descubrió con gran asombro una infinidad de broches de todos los materiales, medidas y colores, dispersos en el suelo y sobre una silla una cajita antigua de madera adornada con oropel, con monedas viejas, broches para el cabello, juguetitos, y pequeñas cositas perdidas (algunas olvidadas) desde que fuera una niña.

La alegría por ser oída y correspondida fue tan inmensa que le devolvió la alegría y las esperanzas. Un brote de juventud anidó en su rostro cansado.

Hoy tiene magia en la sonrisa y renovados deseos de vivir.

Desde ese día doña Carmen tiene una huerta en el fondo del patio bajo los árboles donde cada tarde habla y ríe con su amiguito invisible.

Todos piensan que la mujer esta perdiendo la cordura, pero simplemente es que a recuperado la inocencia.- ------FIN.-