|
robertoattias@yahoo.es |
|
CUENTO 2 ---
AUSENCIA |
|
Cumplió
los 78. Un arisco mapa de arrugas surcaba su rostro, y se movían alrededor de
los ojos tristes de Don Castulo, mientras sus manos callosas y curtidas
secaban las lágrimas, que corrían con infinita transparencia por sus
mejillas. |
|
CUENTO 9 --- ENTIERRO |
|
En el paraje Amanecer de la provincia del Chaco, además de
otras familias de pequeños agricultores, estaban establecidos desde su niñez,
Rosendo Jiménez y su hermano Damián. Hombres de pocos recursos económicos,
que pasaban el tiempo entre cosechas y obrajes, sobreviviendo entre penurias
y hambrunas. Ambos atesoraban una idea fantástica, que los mantenía unidos y
planificando el momento de poder ejecutarla, la cual mantenían en total
secreto. Cuento breve: EL
DUENDE DE LOS BROCHES Todos tuvimos momentos de incertidumbre cuando fuimos
sorprendidos por la falta del objeto que estábamos manipulando y hubiésemos
jurado haberlo dejado depositado frente a nosotros en el escritorio o la mesa
y aun agotados todos los recursos no lo pudimos hallar. Pero si derrotados
abandonábamos su búsqueda, reaparecía frente a nuestros ojos como por arte de
magia al alcance de nuestras manos. Esto nos ocurre a menudo aun cuando
no lo divulguemos y algunos justifican el momento como un estado de ansiedad
que nubla el raciocinio, otros por distracción y hay quienes se definen como
desordenados que al mezclar objetos similares, confunden luego con las formas
y colores lo que ayuda a su mimetización. Para mí que soy menos
práctico y mucho más soñador esto es mucho más fácil de explicar ya que es la
inconfundible obra del pícaro Duende de las Cosas. Aún cuando la mayoría de las personas no reconoce su existencia
e incluso se burlan de quienes comentan estas experiencias, en cada casa hay
uno. Es casi invisible y se mueve con agilidad y gracia. El pequeño bribón va
cubriendo las cosas con un manto de olvido o las instala en lugar secreto,
suspendidas bajo mesas y sillas, sobre roperos o en bolsillos de los sacos
colgados en el. El pequeño duende es enigmático e inquieto y convive con un
grupo de animalillos especiales, un gato, un ave y una pequeña nutria a los
que no solo verás si miras como observando un estereograma, es decir
mirar al infinito fijar la vista en un objeto distante y sin desenfocar
tratar de mirar hacia el piso, podrás tener la grata sorpresa en algunas
ocasiones de ver pasar a alguno de ellos fugazmente y hasta podrías asegurar
que fuiste suavemente tocado. En muchos hogares hay niños que juegan y hablan
con ellos formando verdaderas amistades, como mi hermana que cuando niñita
tenía dos amiguitas invisibles La Túnki y La Tinguitó. Desde tiempos insondables
los habitantes autóctonos del noreste argentino sumados a los criollos
supersticiosos crearon leyendas macabras y absurdas sobre este tema, estas
historias forma parte de la vida cotidiana de muchas regiones en las cuales
participan un vasto número de elementos propios del hogar y de las personas. Esta ciudad posee un gran
número de lagunas de diferentes tamaños, eso hace que en algunos barrios
periféricos la edificación sea caprichosa pues se ciñe el contorno de estos
reservorios naturales. En ese tugurio, en el patio
de una humilde casa resguardada con muros de ladrillos y construida a la
margen de uno de estos espejos de agua. En ella una anciana
caminaba con dificultad a causa de la artritis instalada en sus rodillas
entorpecía su andar. Vivía prácticamente sola
pues el entorno familiar aunque numeroso estaba ausente a sus problemas de
salud, pero todos trataban de aprovecharse de su nobleza innata. Sus hijos é
hijas ganaron las calles desde corta edad y muchas veces recorrieron el
camino del delito el cual en repetidas oportunidades los obligaba a regresar
a ocultarse por breves periodos de la policía o de sus obligaciones
familiares. El frente del predio fue
cambiando su aspecto a causa del peligro urbano. Abierto en el pasado, se
podía ver el patio trasero desde el frente a trabes de un basto jardín. Hoy
tiene un entramado de tablas y un techo de chapas que forma una galería
cubierta asegurada por una puerta y un candado. Pero en este su pequeño
espacio siempre se extraviaron los broches utilizados para colgar la ropa
recién lavada en los tendales instalados en el patio y ella en reiteradas
oportunidades culpó a los vecinos de la vereda del frente aun cuando el
vallado era inexpugnable. Cuando le decían que era el
pequeño duende travieso que se los
llevaba para jugar ella reía incrédula es que la vida había golpeado con
crueldad su niñez obligándola a enfrentar la realidad cotidiana por lo que
era reacia a aceptar explicaciones fantásticas. Su casa era un lugar
lúgubre, húmedo y taciturno, las paredes tenían rastros de viejas pintadas y
en muchos lugares habían caído grandes trozos de revoque. En su
habitación había pequeños rincones olvidados como su antiguo ropero que
descansaba en la pared y estaba atiborrado de recuerdos, a la derecha de este
el estante con muñecos y peluches, algunos grotescos y otros hermosos que le
fueron regalado en el transcurso de su vida y sobre el respaldo de su
cama la foto de su cumpleaños de quince resguardada en un dintel muy
delicado. La salud de doña
Carmen fue delicada en los últimos meses y pasa largos momentos de reposo por
dolores de sus piernas, esto hizo que disminuyera sus movimientos y también
su alegría. La preocupación fue aún mayor por dificultarle cada vez más
cumplir con su trabajo de lavandera que le da para vivir. Esa mañana al levantarse se
sintió infinitamente más vieja y cansada. Antes de salir con la ropa
mojada al patio recordó que no tenia mas broches para colgarla y expresó el
deseo que algunos de los broches que se extraviaron en los últimos años
pudieran aparecer para que así pudiera completar su tarea y sin encono
regresó a su mullido sillón frente a la cocina. Apenas transcurrido un
breve momento oyó un rumor cristalino que provenía del patio y al llegar
descubrió con gran asombro una infinidad de broches de todos los materiales,
medidas y colores, dispersos en el suelo y sobre una silla una cajita antigua
de madera adornada con oropel, con monedas viejas, broches para el cabello,
juguetitos, y pequeñas cositas perdidas (algunas olvidadas) desde que fuera
una niña. La alegría por ser oída y
correspondida fue tan inmensa que le devolvió la alegría y las esperanzas. Un
brote de juventud anidó en su rostro cansado. Hoy tiene magia en la
sonrisa y renovados deseos de vivir. Desde ese día doña Carmen
tiene una huerta en el fondo del patio bajo los árboles donde cada tarde
habla y ríe con su amiguito invisible. Todos piensan que la mujer esta perdiendo la cordura,
pero simplemente es que a recuperado la inocencia.- ------FIN.- |