Mary Lopez, Escritora, amiga y vecina con un cuento de su autoría....
Sahaya
Sahaya despertó alterada esa
mañana, como si una sombra oscureciera su vida.
Se levanto, recorrió todo el
lugar buscando un indicio, algo que le ayudara a entender ese sentimiento hasta
el momento inexplicable. Tal vez debió tener en cuenta el chistido de aquella
lechuza que le sobrevoló la noche anterior; pero cuando levantó la mirada hacia
el cielo buscándola, la deslumbro el destello de una estrella fugaz que caía
anunciándole buenos augurios, olvidándose el motivo por el cual había levantado
la cabeza.
El sol del mediodía
calentaba su lecho, y le permitía contagiar calor, convirtiendo el ambiente en
una tarde primaveral. Tanta armonía la inquietaba, y cuando logro dormir un
rato, soñó que corría por una verde pradera, entre hermosas flores silvestres y
mariposas multicolores que revoloteaban a su alrededor. Solo se detuvo, ante
una laguna espejada para beber, y quedo perpleja cuando descubrió su rostro
reflejado en el agua por primera vez, era delgada, rubia y tenia los ojitos mas
dulces que su propio color.
Por un instante, sintió su
rostro capturado en la laguna como su alma en esa pradera, y era muy bello para
querer escapar.
Las voces la despertaron, se
levanto torpemente, sin entender, enfurecida defendió su lugar y lo mas
preciado que defendería todo ser.
Eran los nuevos inquilinos y
pensó que no debería preocuparse tanto, ya no estaría tan sola, cuidarían de
ella, como ella había cuidado de la casa por tanto tiempo.
Dos días después, llego un
camión con todo y muebles. Se inquieto un poco hasta que los reconoció. Por
momentos se acercaba, pero siempre guardando respetable distancia y si alguien
intentaba acariciarla corría al fondo, y desaparecía por un buen rato entre la
ligustrina. ¡Si alguien la hubiera seguido....!
A la mañana siguiente,
golpearon las manos, sahaya apareció de la nada y ladraba insistentemente,
cuando salió la inquilina se calmo.
Escucho una conversación un
poco subida de tono, podríamos decir una discusión, la persona que la llamo,
parecía alterada y de tanto en tanto la señalaba con insistencia, pero sahaya
seguía ahí sin entender.
¿Acaso habría hecho algo
malo?
La invadían las dudas, la
incertidumbre de no entender lo
sucedido, pero si de algo estaba segura, era que de ella se trataba, solo le
quedaba esperar. ¿Esperar que?
Y ese mal presentimiento que
no la dejaba tener un poco de paz en su corazón.
Se acomodo en su nido,
detrás de la ligustrina, y ya no se levanto más. Como si supiera que le quedaba
poco tiempo para alimentar su perpetuidad.
En algunas hora ocurrió lo
inevitable. Una camioneta oscura llego, tan misteriosa y oscura, como el sitio
al cual la llevarían. Un par de hombres uniformados bajaron, y la cargaron en
ella después de enlazarla como a un animal salvaje, todo sucedió tan rápido que
no pudo defenderse, solo salió a cuidar su territorio como solía hacerlo y la
atraparon.
Su corazón latía cual potro
salvaje, como si quisiera escapar de su pecho para quedarse en ese lugar. Podía
apreciarse la angustia en su mirada, que no se apartaba de la ligustrina,
mientras se alejaba la camioneta, y escuchose un aullido lastimero y tan
hiriente, como si el filo de una navaja, estuviese degollándola.
La persona que vino esa
mañana tan alterada, la había acusado de morder a su hija,
La inquilina, sorprendida y
atemorizada (ella también tenia niños) le dijo...
-
La
perra no es mía, yo me acabo de mudar, pero gracias por advertirme que es una
amenaza- Llamo de inmediato a la señora Danmuller (la dueña de la propiedad) y
le explico lo sucedido, exigiéndole una pronta solución.
Así fue que la señora
Danmuller se comunico con la perrera municipal, y argumentando lo buena
ciudadana que era, por pagar todos sus impuestos en termino, exigió que en
pocas horas, le solucionaran el problema.
El resto de la historia ya
lo saben, lo que no he dicho todavía, es que al anochecer.... se escucharon
aullidos en la ligustrina, los chicos corrieron al lugar, pensando que tal vez
sahaya había regresado, pero no era precisamente Sahaya quien lloraba, sino
cuatro cachorros con hambre llamando a su madre, lo que aunque un poco tarde,
aclara y justifica por lo menos dos cosas: en primer lugar, la agresividad de
Sahaya. ¿Acaso la madre más dócil y bondadosa, no es capaz de convertirse en
una fiera cuando de defender sus hijos se trata?
Y segundo, la inquilina también
era madre, y no hizo otra cosa mas que defender a sus hijos de la supuesta
agresividad de Sahaya.
Ahora solo me resta
contarles, queridos lectores, que de vez en cuando pienso en Sahaya, y estoy
mas que convencida, que ya ha encontrado.... su verde pradera.
Mary