Ricardo Ríos Cichero (Síntesis curricular)

                                     

       “SUEÑOS DE UN INFELIZ”

       Dos Actos, divididos en nueve Cuadros.

 

 

 

       Por orden de aparición:

       FRANCISCO – CARMEN – BLANCA – JORGE – DESCONOCIDO –

        VISITANTE.

 

 

 

 

 

       A manera de sugerencia:

 

          La obra se desarrolla en un apartamento de un ambiente, sub-dividido en dormitorio (izquierda)  y living (derecha) , separados por una arcada.

          Desde living, al fondo, puerta a cocina; a la derecha, primera, puerta  a la calle.

          Desde dormitorio, a la izquierda al fondo, a baño.

          Las pautas de escenografía y decoración, remitidas al texto y a la Dirección.

 

          Derecha e izquierda, las del público.

         

 

 

 

                 ______________

 

 

 

 

 

 

                                       

 

 

PRIMER ACTO

 

 

 

 

CUADRO PRIMERO

                              

 

FRANCISCO se encuentra durmiendo en la cama.

Ingresa CARMEN desde cocina, llevando una bandeja con una taza de café con leche y un platillo con algunas facturas dulces.

 

CARMEN -  Buen día... buen día...

 

FRANCISCO -  (se despereza y busca otra posición en la cama)

                         ¡Che, qué madrugón te mandaste!

 

CARMEN -  A mí, la Luna de Miel me hace bien, no como a otros que conozco...

                   (coloca la bandeja en el regazo de él) Tome, aliméntese, que buena falta le hace.

 

FRANCISCO -  ¿Te parece?

 

CARMEN -  ¡No me hagas hablar!... (lo besa, sensual)

 

FRANCISCO -  ¡Che, che, che; vas a hacerme quemar con el café!

 

CARMEN -  (se pone de pie)

                    ¿Qué ropa te vas a poner?

 

FRANCISCO -   (comienza a desayunar, apurado)

                           No sé...; ¿por qué?

 

CARMEN -  Y... es domingo. ¡Hay un día tan lindo! Bueno, Abril

                    siempre es lindo.

 

FRANCISCO -  ¿Dónde están mis alpargatas? Ayer m e enloquecí, también,

                         buscándolas.

 

CARMEN -  En el armario chico, abajo. (se sienta en el borde de la

                    cama)  ¿Alpargatas te vas a poner? ¿Porqué no te ponés la camisa nueva?

 

FRANCISCO -  ¿La camisa nueva con las alpargatas?

 

CARMEN -  No; ponete la camisa nueva con los zapatos.

 

FRANCISCO -  Toda la semana uso los zapatos; desde las cinco y

                         media de la mañana hasta las nueve de la noche... ¿y querés que me los ponga el domingo de mañana? 

 

CARMEN -  Y, digo yo... porque...

 

FRANCISCO -  (cortando

                         ¡Qué lindas facturas, che! ¿Son de lo Moreno?

 

CARMEN -  (molesta)

                    ¡Sí!... Te decía... que hoy tenés que ponerte la camisa nueva con los zapatos.

 

FRANCISCO -  Escuchame; me pongo cualquier camisa con las alpargatas y me

                         siento a mirar la carrera de Fórmula Uno, mientras vos preparás el estofado. Después, aprovechando el día lindo, nos vamos al estadio. ¡Peñarol y Cerro! ¡Sol y fútbol!... ¿Qué te parece?

 

CARMEN -  ¿Ese es tu programa?... (irónica) ¡Lindo domingo!

 

FRANCISCO -  Y bueno, decís que es un día lindísimo... ¿Qué vas a

                         hacer? ¿Encerrarte acá adentro?

 

CARMEN -   Pero... ¿¡al estadio, Pancho!?

 

Él termina a las apuradas el desayuno.

 

FRANCISCO -  Tomá; terminé. (le alcanza la bandeja y después,

                         por el desayuno “en la cama”) ¿A qué se debe tanta atención?

 

CARMEN -  (deja la bandeja en algún sitio y se acuesta junto a él)

                    Papito, hoy es domingo... yo quería hacerle algunas mañitas... ¿No le gusta?  (lo abraza y le muerde la oreja)

                     

FRANCISCO -   ¿Y cómo no?... (la abraza juguetón y violento, la

                          besa casi apasionadamente y culmina dándole unas palmadas en las nalgas)  ¡Bueno, se terminó! ¡Hay que levantarse; hay que hacer por la Patria!... (se sienta en el borde de la cama) ¿Y la alpargatas?                       

 

CARMEN -  (rezongando)

                    ¡Ya te las traigo!   (sale hacia baño)

 

FRANCISCO -  (mientras se viste ropa de entre-casa)

                         ¿Así que la factura es de lo Moreno? (ella no contesta) Lindos bizcochos..., lindos bizcochos... (pausa, mientras sigue vistiéndose) ¡La marosca!...¿Trajiste yerba?

 

 

CARMEN -   (desde afuera)

                     ¡No...!

 

FRANCISCO -  (en tono de queja)

                         ¿Mirá qué mate voy a tomar!... Y bueno, voy a tener que ir a... (a ella)... ¡Las alpargatas traé!... (para él mismo) Voy a tener que ir a buscar yerba, nomás... ¡Ajá!; ¿y plata?... (busca en el cajón de la mesita de luz)...Acá no hay nada... (a ella)... ¡¿Hay plata pa’ la yerba!?

 

CARMEN -  (entrando)

                    Yo no tengo. (deja caer las alpargatas junto a él)

 

FRANCISCO -  (por las alpargatas)

                          ¡Qué mugre !...  ¿No te dio por lavarlas?

 

CARMEN -  ¿A mí?

 

FRANCISCO -  No; a la vecina...

 

CARMEN -  No me gusta lavar alpargatas.

 

FRANCISCO -  A mí no me gusta trabajar doce horas por día... ¿Y...? 

                      

CARMEN -  ¿Y...”qué”?

 

FRANCISCO -  ¿Qué hacemos si no trabajo?

 

CARMEN -  ¡Pucha; para lo que hacemos con vos trabajando doce

                    horas por día!...

 

 

Él la mira un instante, se calza las alpargatas, se pone de pie y, mientras se ajusta el cinto:

 

 

FRANCISCO -  Comemos; ¿qué te parece?

 

CARMEN -  ¡Si comer es vivir!

 

FRANCISCO -    Estamos mejor que muchos, ¿no?

 

CARMEN -  (iniciando mutis hacia baño)

                    Si vos decís... (sale)

 

 

FRANCISCO -  Digo, sí...¿Y qué?... Rezongar... rezongar... ¡Es fácil

                         rezongar!

 

CARMEN -    (desde baño)

                      ¡Me voy a bañar!

 

FRANCISCO -   ¿Y la comida?  (se arrepiente)... Bué’, dale, nomás... (busca en

                          algún sitio) ¡Plata! ¡Plata!... ¿Quién habrá inventado la plata? Si no existiera, iría al almacén y le diría a don Juan: “deme yerba”...¡ y, tá’!... Y él me diría: “¿Y, no me paga?”... “¿Y cómo quiere que le pague si la plata no existe?”... ¡Divino sería; divino!... (sigue buscando) Y no hay, nomás. (a CARMEN) ¿No tendrás algunos pesos en alguna cartera, por ahí?

 

CARMEN -  (desde baño)

                    ¡No!... ¿No te dije que no tengo plata?

 

FRANCISCO -  ¿No te dí lo que le cobré por la contabilidad a...? ¿No queda nada?

                       

(CARMEN aparece cubierta sólo por una toalla grande y le hace un gesto como: “¿de dónde querés que tenga más?”)

 

FRANCISCO -  ¿Todo se fue?... ¡Qué lo parió! ¡No hay dinero que alcance, che!

                        

CARMEN -  ¡Ah, pero vos decís que vivimos bien!

 

 

FRANCISCO -  Yo no digo eso...

 

CARMEN -  ¡Bueno, está; terminala!... (sale hacia baño)

 

FRANCISCO -  Vení.

 

CARMEN -  (desde baño)

                    ¿Qué querés?

 

FRANCISCO -  Vení, te digo.

 

CARMEN -  (aparece envuelta en la toalla)

                    ¿Qué... ?

 

FRANCISCO -  ¿No tenés miedo de que se te caiga?

 

CARMEN -  ¿Que se me caiga, qué?

 

FRANCISCO -  (se le acerca y por la toalla)

                          ¿No querés que te la sostenga?

 

CARMEN -   ¡No! Me la sostengo sola... ¡Hay que hacer por la

                     Patria”, ¿viste?

 

FRANCISCO -  ¿Así que yo soy el que necesita alimentarse? (la

                         abraza)

 

CARMEN -   (se suelta)

                     ¡Dejate de joder!... (sale hacia baño) 

 

 

FRANCISCO -  (lanza una carcajada)

                          ¡Vení, che! (CARMEN no contesta ni regresa; entonces él se sienta en el borde de la cama, se mira las alpargatas, se saca una y, desconfiado, la huele; hace un gesto como: “no están tan sucias”, se la vuelve a poner. Luego, a CARMEN) ¿Te dije que conseguí otra contabilidad?... Tengo tres, ya... (para él mismo) Pero igual, es brava la cosa... (a ella) Tenemos que cuidar los pesos. Si consigo algunos comercios más, más el sueldo de la oficina, vamos a andar bien... (sonríe) ¡Vas a poder hacerle los gustos al gurí!

 

CARMEN -  (aparece rápida, envuelta en la toalla)

                    ¡¿A quién?!

 

FRANCISCO -  Al gurí... ¡A tu hijo! (ella hace un gesto como: “¿de

                         qué hijo me estás hablando?”) ¡El que vamos a tener!

 

CARMEN -  (lo observa un instante)

                    ¡¿Vos estás loco!?

 

FRANCISCO -  (desconcertado)

                          ¿... loco?

 

CARMEN -  No podemos vivir decentemente nosotros y ¿querés

                    tener hijos?  M’hijito, vos estás loco.

 

FRANCISCO -  Pero, no andamos tan mal, Carmen.

 

CARMEN -  ¡Ajá..., ¿y no tenemos para comprar yerba?

 

FRANCISCO -  Bueno, pero si consigo algunas contabilidades más...

 

CARMEN -  ¡No seas pavo!  (sale hacia baño)

 

FRANCISCO -  (luego de un instante de desconcierto)

                          Por lo menos, podrías tenerme un poco de confianza, ¿no? (toma la bandeja y sale hacia cocina)

 

 

Un instante después, desde baño CARMEN lanza un chillido e ingresa a dormitorio, envuelta en la toalla.

Simultáneamente ingresa FRANCISCO desde cocina.

 

 

FRANCISCO -  ¡¿Qué pasa?!

 

CARMEN -  (histérica)

                    ¡Allí, en el baño, una rata...! (otro chillido)

 

FRANCISCO ingresa al baño y luego se oyen golpes y alguna expresión ahogada, propia de quién persigue una alimaña en un lugar reducido.

Después, completo silencio.

 

 

CARMEN -  (sus ojos fijos en la puerta del baño)

                    ¡¿Y...?! ¿La... mataste? (silencio)... Pancho... ¿la mataste?   (silencio)

 

 

FRANCISCO aparece cubierto hasta la cabeza con una salida de baño, en actitud de “fantasma”.

 

 

CARMEN -  (“pataleando” sobre la cama, otro chillido)

                    ¡Panchoooo!

 

FRNCISCO -  (mostrándose)

                       ¡Mi amor!... (lanza una carcajada)... Papito la defiende...

 

CARMEN -  (enojada, bajando de la cama)

                    ¡¡Estúpido!!

 

FRANCISCO -  No te enojés; fue una broma.

 

CARMEN -  (lo “fulmina” con la mirada)

                    ¡Andá a hacerle bromas a tu madrina! (inicia mutis hacia baño, pero se detiene, precavida) ¿Mataste la... rata?

 

FRANCISCO -  (misterioso)

                          Está en el botiquín.

 

CARMEN -  (furiosa)

                    ¡¿La mataste o no?!

 

FRANCISCO -  No; pero no era una rata. Era un ratoncito chiquitito así.

 

CARMEN -  Rata o ratón, es lo mismo. ¿Dónde está?

 

 FRANCISCO -  Se metió en el desagüe de la ducha.

 

CARMEN -  Entonces yo no entro allí. Traeme las cosas para maquillarme.

 

Él ingresa a baño y regresa con lo indicado.

 

FRANCISCO -  ¿Y para qué tanto arreglo? ¿Sale más rica la comida así?

 

CARMEN -  No. Voy a maquillarme para mostrarte... una cosa.

 

FRANCISCO -  Para mostrarme una... “cosa”, no necesitás maquillarte.

 

CARMEN -  (como: “no te hagás el gracioso”)

                    No te voy a mostrar... esa “cosa”...

 

FRANCISCO -  ¿Ah, no...?

 

 

CARMEN -  (de pronto, mimosa)

                    ¿Me querés a mí?

 

FRANCISCO -  (abrazándola)

                         ¿Qué te parece?

 

CARMEN -  Sí; yo sé que sí. Por eso quiero estar linda para vos.  Esperá. (de

                   abajo de la cama saca un paquete con dos vestidos y, ante la expectativa de él, se coloca uno contra el cuerpo y “desfila” con movimientos sensuales) ¿Te gusta éste?...

 

FRANCISCO -  ¡Muy bueno!... ¡Bravo!

 

CARMEN -  (“desfilando” con el otro vestido)

                    ¿O te gusta más este?

 

FRANCISCO -  (“embobado”)

                          Cualquiera... cualquiera... A usted, cualquier cosa le queda bien.-

 

CARMEN -  ¡Pero tenés que elegir, Pancho!

 

FRANCISCO -  ¿Elegir?

 

CARMEN -  Sí; los dos no puedo comprar, ¿no?... (muy mimosa)...

                   ¿O sí...?

 

FRANCISCO -  Ah, pero... ¿son para comprarlos?

 

CARMEN -  ¿Y qué creías?

 

FRANCISCO -  No sé...; te los podría haber prestado Blanca.

 

CARMEN -  Yo no uso cosas prestadas.

 

FRANCISCO -  ¿Y con qué te los vas a comprar?

 

 

CARMEN -  Vos me los regalás.

 

FRANCISCO -  (sonríe como: “no seas ingenua”)

                         ¡¿Con qué...?!

 

CARMEN -  ¡¿Y yo qué sé?!... Escuchame, no tengo nada para salir

                   y quiero comprarme uno de estos vestidos. ¡Y me lo voy a comprar!

 

FRANCISCO -  (la observa un instante; ella está decidida a hacer

                         un “escándalo”)

                         Está bien... Pero uno solo...

 

 

 

CARMEN -  (se le cuelga del cuello y lo besa profundamente)

                    ¡Mi amor!... ¡Cosita mía!... (otro beso)... ¡Ahora, me voy a poner linda para usted!

 

FRANCISCO -  ¿Te vas a poner un vestido de esos?

 

CARMEN -  (muy sugestiva)

                    Yo me pongo lo que usted me pida... (otro beso)

 

FRANCISCO -  No entendés... ¿Te vas a poner ese vestido para cocinar?

 

CARMEN -  ¿Y quién te dijo que yo iba a cocinar?

 

FRANCISCO -  ¿Quiere decir que tengo que cocinar yo?

 

CARMEN -  No; quiere decir que... ¡me llevás a comer afuera!

 

FRANCISCO -  Como no sea en el patio...

 

CARMEN -  No seas guarango. Vamos a comer a algún restaurante.

 

FRANCISCO -  Pero, Carmen, no tengo plata.

 

CARMEN -  Yo tengo.

 

FRANCISCO -  ¿Eh?

 

CARMEN -  Yo tengo plata.

 

FRANCISCO -  ¿De dónde la sacaste?

 

CARMEN -  Es de la que me diste.

 

FRANCISCO -  ¿De lo que cobré la contabilid...?

 

CARMEN -  Sí.

 

FRANCISCO -  ¿Y la cuenta de la despensa?

 

CARMEN -  No la pagué.

 

FRANCISCO -  ¿No la pag...?

 

CARMEN -  ¡No!...¡¿Y qué?!... Un día es un día, ¿no? ¿O no tenemos

                   derecho a ir a comer una vez por ahí?

 

FRANCISCO -  Pero, Carmen...

 

CARMEN -  Pero...¡... nada!  ¡Hoy vamos a comer afuera y... punto!

                    ¡Y me voy a vestir! (abre algún cajón y comienza a elegir ropa interior)

 

FRANCISCO -  (se sienta en la cama y piensa un instante)

                          ¿Y con qué pagamos la despensa?

 

CARMEN -  (sin mirarlo, como:”no seas bobo”)