Gabriel Impaglione

 

 

De: Explicaciones con mar y otros elementos

Editado por UniService, Trento- Italia- 2007. Edición Bilingüe

 

Sobre mis influencias

I

El hombre que vi con la fuga rota bajo metralla

en medio de una calle donde colgaban

raidas las guirmaldas de un antiguo pan.

 

El hombre repetido como eco en la injusticia

bajo explotación a mansalva,

bajo metal de dictadura,

cercado por la hipocresía,

inválido de balaceras de imposible.

 

El hombre que vi raspado de exilios,

destruido por máquinas destruidas,

mordido por la prensa ramera.

 

El hombre en medio de los hombres

 

ahogado en abismos de tiempo,

lleno de plomo imperial,

vendido por todos los traidores.

 

El hombre alzado todavía

voz en puño

lucha en boca

capaz de ternura de rosa en pecho

invencible en la síntesis del sueño.

 

Y el amor, ay amor, en el centro de las horas

como un niño que reclama mis brazos.

 

II

Una foto de Chaplin donde ríen mis hijos

y el silencio

con el que a veces me miras.

 

III

La ternura

esa sustancia

imperturbable

de mis amigos.

 

IV

Cualquier hora frente al mar

donde la vasta red del silencio

le roba relámpagos a las palabras

y el rumor de quillas y cubiertas

traza singladuras,

surcos de luz donde nacen los pájaros.

 

V

Y el airefuegotierraaguamor que tú eres

besorefugio, licor de crepúsculo y gota

encendida de música en las manos.

 

VI

Y la música en las manos

es decir

la música

 

VII

Y las manos

es decir

la voluntad de los oficios terrestres.

 

 

 

 

Te miro

 

En cada casa del día te miro

como si fueras todas las ventanas,

uno por uno los llamados de la geografía.

 

Te miro entre naves blancas

que vierten el algodón de su sombra

en el mar callado

 

hondamente quieto en el rumor

del viento que inventa recónditos

pasajes de guitarras, te miro.

 

Te miro en las vertientes de plata fugitiva

que dibujan en las faldas de la piedra

nervaduras esmeralda.

 

En la razón del humus y la gota

y la terca utopía de la raíz, te miro,

en la constelación de las sustancias

 

y la maravilla del vino en su luna precisa.

Por las crepitaciones del pan,

en la mesa servida, te miro

 

embarcado en la claridad de tu cuerpo

en el mío, y en mis manos

te miro, en la vastedad de tu boca

 

en cada relámpago de la noche en calma

donde habitan los labios que se anidan,

en el pequeño país de los besos, te miro.

 

 

 

 

 

 

De las orillas de la mañana

vienen los pájaros.

Del nácar que olvidaron

los astros en su fuga.

Nacen en las simples gotas de luz

y se multiplican

para darnos alas

alzarnos la mirada

para hacer de la contemplación

un arma pura.

 

 

 

 

Poética

 

Y entonces la mano

despalabra el follaje de la hora

con la piedra en blanco.

 

 

 

 

 

 

El espejo negro se desgrana

sobre un gallo de hoguera

que crepita en sus filos.

Vencedor de cronómetros,

guardián de la torre del día.

Erguido en su gobierno

de mínimas campanas

merodea el humus

abierto por la azada.

Desde su ojo de planeta riguroso

el alba gotea maíz encendido.

 

 

 

 

 

Albañiles

 

Piedra sobre piedra

bajo la luz del pan

y el arte de enhebrar

las manos en la altura.

 

 

 

 

 

Campesino

 

El hombre decide su rumbo en la semilla

se vuelca en los muslos de la tierra

va hacia una profundidad de savia

con el sudor a manos llenas

 

 

 

 

 

He cavado en las razones del agua

y en la sangre de los manifiestos,

en el óxido de las máquinas

y la cáscara del salitre en las orillas.

He sido taladro empedernido

en el corazón del muro,

topo urgente en la sombra de las horas,

brazo, pulmón herido

en las duras asambleas del mineral recóndito.

Hacia los abismos anduve con mirada de pez

o determinación de ancla.

Todo lo intenté, incluso el vuelo.

Águila, mosca, gorrión, serpentina

de cada intersticio donde poesía.

Y de nuevo aquí, siempre y siempre,

en el exacto punto de partida

con tantas preguntas que no termino,

todavía.

 

 

 

 

 

País

 

Tal vez una tierra

donde jugaba el sol a tejer glicinas

sobre las reuniones

o decisiva

la quilla de una hora

fugaba hacia los descubrimientos.

No sé si acaso fue

o marcha

tan lento

el siglo en su certeza

pero de todos modos

aquellos que fuí y que hemos sido

los todos nosotros

con nuestro

y con hermano

falta todavía.

 

 

 

 

 

 

Con el costo de un fusíl

las tejedoras de auroras

amasarían el pan más implacable.

 

Con lo que vale una bala

alzarían arsenales de tizas libertarias,

herramienta universal para romper límites

y llegar a luz cegada por las bombas.

 

 

 

 

 

 

En el laberinto de las yemas

vive un hombre

que atesora revelaciones de tí.

 

Corre a la orilla

tras cada marea de la caricia

a recoger objetos y sustancias

la conchilla de luz

cada artesanía que el oleaje desembarca

la espuma lunar que crece

en el viento de las profundidades.

 

Su casa respira en el centro del tacto,

y en medio de ti

su país

que despierta con tu boca.

 

 

 

 

Las palabras

que ocuparon la tierra cuando nada había

vinieron por el silencio.

Los gestos se llenaron de campanas,

la foresta, la llanura, cada cima

multiplicó los ecos del nombre de las cosas.

 

La profundidad del pan y las mareas

fue revelada

y entonces el canto distribuyó horizontes,

nuevas explicaciones

para fundar el mundo.

 

 

 

 

 

Recogimos la pobreza en un otoño caído

entre hojas en blanco y versos que tejían

su germinal sustancia.

 

Niña dormida con su estrella terrestre,

habitante descalza de la noche más triste.

De tu brazo y el mío conoció la casa

y en nuestro amor cereal su lugar en la mesa,

la vastedad de las manos donde sentirse digna.

 

La llamamos poesía porque es hija del pueblo,

porque tiene los ojos profundos como el agua.

Campana ingobernable, oh encendida rosa

la llamamos poesía porque en sus entrañas

el pan más brillante no tiene precio.

 

Anda por el mundo en su estrella terrestre,

calla en cada casa con un silencio duro,

acuna el sol verde que habrá de parir la primavera.

 

 

 

 

 

 

A los treinta mil compañeros desaparecidos

Argentina, 1976

 

He visto los hombres trepar a la sombra

tensando los arneses aún dormidos

y marchar unidos en el esfuerzo bestial

hasta montar el sol sobre la tierra.

 

Entonces salían de todas partes los niños y las madres

y luego los mercados llenaban las veredas

de silbos y manzanas.

La alegría de las gestas domésticas

coronadas por la dignidad del almuerzo!

 

He visto largas caravanas de obreros en el alba

marchar hacia el metal de la sirena.

Ágiles bicicletas con la vianda,

la radio colgando del manubrio.

 

Hasta que el estrépito de ráfaga

de cañón maldito

de horrorosa muerte

abrió un boquete en cada casa y entró la niebla negra.

Todo se retorció como un pez en la arena,

hasta ser tragado por el miedo.

 

Desapareció la fábrica.

También el hombre.

Y los hijos, y los mercados con silbo, y las radios

que no fueron sino un espejo del infierno roto a veces.

La universidad de Luján fue clausurada.

Encadenaron la luz en los sangrientos sótanos,

persiguieron los brotes del canto asesinado.

 

El abrazo fue un código secreto

la patria un dolor ahogado bajo la tortura.

Y el sol deseo apenas musitado

entre los nombres de los que ya no estaban

 

 

 

 

 

A los pescadores de Reta

Fue tarde entonces cuando estrené los brazos.
Cuando recibí barba y bandera
las orillas estiraban
su soliloquio entre los pájaros
y no había sino huecos espumosos
en el lugar donde se multiplicaron las barcazas.
Quién sabe dónde las redes,
en qué graves mareas se hundieron los oficios.
Llegaban cegando la luz horizontal del crepúsculo
cargados de plata refulgente,
agotados y sonrientes bajo sus sombreros.
Victoriosos burladores de arcanos marinos
llegaban a la costa montando las rompientes,
blandiendo sus puños mordidos por las cuerdas.
Allí latían revelaciones de ultramar,
se narraba la gran ciudad del agua y el salitre,
comenzaba la contabilidad pieza por pieza
de mano en mano, centavo a centavo.
Se le cantaba al cardumen como al sol o al aire.
Llegué tarde al vértigo del oleaje,
al perfume exacto de la rosa de los vientos.
Allí, de pie, en otro siglo de huellas descalzas
tan sólo un roído barco hundido en la arena
y lejos la estela de los pesqueros invisibles
sobre cuya ruta aún trazan su círculo las gaviotas.
De vez en cuando un viejo pescador emerge
vestido de algas, de peces de relámpago,
y desata los nudos marineros de los vientos
mientras un niño, calladamente alegre
rompe el límite del agua con la risa.

 

 

 

 

 

Elogio del vino

 

El vino, compañeros, viene del amor

del trabajo y la tierra.

 

Es hijo del sumo torrente del planeta.

Ay viento mineral

luz victoriosa que sube desde el humus

hasta ensanchar el tiempo

en el racimo.

 

Es el mar florecido de auroras

en la copa brillante del encuentro.

 

El vino, mis amigos, viene del amor

del trabajo y la tierra.

 

Las gotas de la vida se reunieron

como madres acunando el canto

para que una ronda de muchachas

lo dé a luz en la vendimia.

 

Es zumo de la risa y la palabra.

 

Ay sangre de los surcos,

sudor de los sueños.

Las manos en el brote

el brote en el oficio

del corazón más puro de las generaciones.

 

Maravilla de la tarde en las hileras,

ternura recostada en cada cesto.

Ay retazo de luna,

canción distribuida.

 

Eco de los hombres en el rito

que llena de rubíes a los pueblos.

Piel de la montaña.

 

El vino compañeros, viene del amor

del trabajo y la tierra.

 

Certeza de la savia, es decir sabiduría

de la infinita corriente del alba,

esencia que libera los himnos y las llamas,

minuciosa marcha subterránea

que alza hacia las copas

espumosa bandera constelada.

 

Respuesta de los dioses

a las interrogaciones implacables.

 

Espíritu universal que late en la madera

y corre como un río por la historia,

de mano en mano y de mesa en mesa,

como una música.

 

Aire de las celebraciones.

Latido solar que nos hermana.

Lo llevo a mi boca como la mujer que amo.

Consagra la hora y la poesía.

 

El vino compañeros viene del amor

del trabajo y la tierra.

 

 

 

 

 

Gabriel Impaglione (Morón, Buenos Aires.1958) Poeta y periodista argentino radicado en Sardegna,  Italia.

 

Publicó:

"Echarle pájaros al Mundo" (poesía, Ediciones Panorama- Buenos Aires- 1994);

"Breviario de Cartografía Mágica" (poesía, El Taller del Poeta- Galicia- 2002);

"Poemas Quietos" (Antol. Editorial Mizares- Barcelona- 2002);

"Bagdad y otros poemas" (El Taller del Poeta- Galicia- 2003);

"Letrarios de Utópolis" (poesía, Linajes Editores- México- 2004).

“Prensa callejera”, La Luna Que, Buenos Aires, 2004.

“alala”, Taller del Poeta, España, 2005, en español e italiano.

Carte di Sardinia, Uni Service.Trento- Italia. Poesia, 2006.

Explicaciones con mar y otros elementos, Uni Service, Trento, 2007

Cuentos fantásticos, de amor y de muerte, (junto a Giovanna Mulas)- El Taller del Poeta, Galicia, 2007-

Participó de:  Antologia Canto a un Prisionero, Edit. Poetas Antiimperialistas, Canadá, 2005; "El Sol Desmantelado, W.H. Auden revisitado", Mexico, 2007; Memoria, Verdad y Justicia a los 30 años x los 30 mil, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Edit. Dunken, Buenos Aires, 2006- ; Muestra Siglo XXI de la Poesía en Español, Asoc. Prometeo -“Prometeo Digital”-  Madrid, 2006.- entre otras.

Es miembro de la World Poets Society (W.P.S.)-

Traducido al portugues, italiano, ingles, sardo, catalán, rumano y francés.

Dirige la revista literaria “Isla Negra” – digital- desde el 2004.

Mantiene el blog: http://isla_negra.zoomblog.com